sábado, 2 de julio de 2011

El Libro del Verano



La noche de los tiempos
Antonio Muñoz Molina
Editorial: Seix Barral

Hay que decir, de entrada, que es una buena novela. Narra la complejidad del exilio de Ignacio Abel, arquitecto de la Ciudad Universitaria de Madrid, hombre casado, padre de dos hijos, de ideología socialista pero con parientes políticos católicos y fascistas. Una complejidad que se expresa en el doble proceso que vive el protagonista, simultáneamente: el alejamiento del proyecto político español y el alejamiento de la propia familia, a causa de su enamoramiento de una joven estadounidense. De hecho, quizá la característica fundamental de su personalidad sea la lejanía: de sí mismo y de los otros, como si su mirada hacia adentro y hacia fuera se centrara en el cálculo de estructuras y no en los contenidos que esas estructuras albergan. Ambos procesos confluirán en su propio exilio en los Estados Unidos, en una de cuyas universidades acabará dando clases. La documentación que permite la recreación histórica se adivina exhaustiva: Madrid es descrito con un altísimo grado de verosimilitud; los personajes reales que aparecen en la ficción (como Bergamín, Azaña o Zenobia Camprubí) son dibujados con la misma tridimensionalidad que los ficticios (aunque Adela, la esposa traicionada, tenga mucha más profundidad que Judith, la norteamericana romántica). Toma bien el pulso a la época, con la filosofía y la poesía española como telón de fondo, como se observa en la lorquiana y juanramoniana conferencia que Abel imparte sobre arquitectura popular (“el rigor cubista de los pueblos blancos andaluces”). Los momentos climáticos son ciertamente sobrecogedores (la bofetada al hijo, el descubrimiento de la infidelidad, el arresto y su violencia, el encuentro final de los amantes). Está escrita con precisión y con elegancia, en una prosa amable que fluye por los meandros de la subordinación.