domingo, 11 de enero de 2009

Clitemnestra y Egisto a punto de matar a Agamenón - Pintura de Pierre Narcisse Guérin - Museo del Louvre.


-¡Hermano! ¡No me obligues a contraer matrimonio con el asesino de mi amado Tántalo! Yo, he visto a mi hijo morir arrojado por Agamenón contra las piedras. Tú, como dios, debes comprender mi dolor y mi odio hacia Agamenón.

El silencio fue la respuesta, y Polideuco calló y ocultó su presencia. Clitemnestra cesó en su llanto, y una extraña mueca fue desfigurando un rostro marcado por el dolor y por el odio, hasta convertirse en una siniestra sonrisa. Se dió cuenta de que, al fin y al cabo, desposarse con Agamenón era la forma más sencilla de poder, algún día, honrar a su amados y difuntos esposo e hijo.


El clasicismo es una corriente estética e intelectual que tuvo su apogeo en los siglos XVII y XVIII.

El clasicismo es uno de los pilares en que se apoya el Renacimiento, con una vuelta hacia las formas clásicas (griegas y romanas) en todas las artes. Esta vuelta se ve no sólo en las formas y estilos, es también una vuelta temática. Hay que pensar que el arte religioso había presidido el románico y el gótico, con lo que un arte más realista y cercano en la forma fue una revolución, lo que se unió con temáticas más paganas, aunque a menudo cristianizadas.

Temas mitológicos pueblan las pinturas, las esculturas y la lírica desde finales del siglo XV, naciendo en Italia, pero propagándose rápidamente por Europa, también es tema clásico el bucolismo pastoril.

Se expresó en todos los dominios del arte, desde la arquitectura y la música hasta la pintura y la literatura. Suplantó progresivamente al Barroco, dejando espacio al Romanticismo antes de renovarse a través del Neoclasicismo.

Baron Pierre Narcisse Guérin (* 13 de marzo de 1774 en París - 16 de julio de 1833 en Roma), pintor y litógrafo francés. Uno de los maestros del clasicismo, influenciado por Jacques-Louis David y especializado en temas históricos, sobre todo de la Antigüedad clásica: personajes de la historia de Grecia y Roma, pasajes de la guerra de Troya o de la Eneida, aunque también dedicó alguno de sus cuadros a Napoleón. Sus cuadros se caracterizan por la maestría en el tratamiento, el correcto dibujo y, sobre todo, la iluminación, con la que abrió nuevas direcciones en la pintura.